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Inteligencia artificial: ¿cuánto vale la privacidad de tus datos?

· Toni Martir, arquitecto de software

La primera pregunta que hace todo el mundo antes de meter una IA en su trabajo es cuánto cuesta al mes. Y hay asistentes que no cuestan nada, así que la pregunta se da por contestada y se pasa a la siguiente.

Pero tienen precio. No se paga en euros y está escrito en el único documento que nadie abre: a cambio del servicio, el proveedor se queda con todo lo que escribas.

Una caja de texto de un asistente; la línea escrita se sale de la caja, cruza el borde de la red y se acumula al otro lado en copias apiladas.
Lo que escribes en la caja no se queda en la caja.

El precio, redactado por quien lo cobra

El Aviso de Privacidad de las Aplicaciones de Gemini no esconde nada. Dice que la actividad guardada se usa para mejorar los servicios de Google, «lo cual incluye entrenar los modelos de IA generativa». Dice que hay revisores humanos «que revisan algunas de las conversaciones». Y dice que esas conversaciones revisadas se conservan «durante un máximo de tres años», aparte de tu cuenta — por eso mismo borrar tu actividad no las borra: la versión inglesa lo dice sin rodeos, «are not deleted when you delete your activity».

Y lo resume con una frase que debería bastar: «No incluyas información confidencial que no quieras que vea un revisor».

No hay trampa: el trato está publicado y es coherente. El problema es que se acepta sin leerlo, en la oficina, con información que no es nuestra.

Lo que entregas no es un dato, es un contexto

Para que una IA te ayude con tu trabajo no le basta un dato: necesita el contexto. Tienes que contarle cómo se llaman tus tablas, qué mides, cómo facturas, qué consideras un cliente bueno. Eso no es un dato suelto que se pueda tachar: es la descripción de tu negocio.

Y tiene una propiedad incómoda: no se puede anonimizar. Si lo generalizas para protegerlo, la respuesta deja de ser útil. Por eso el decálogo «Cuidado con lo que le confIAs» de la Agencia Española de Protección de Datos —no compartir datos personales, «describir un caso ficticio», no incluir «información que revele datos confidenciales de la entidad»— ayuda a preguntar por un procedimiento, pero no a trabajar con tus datos reales.

Las tres monedas

Con qué se paga la privacidad

Con tus datos Cero euros. Entrenan con lo que escribes y lo guardan
Gratis en euros
Con un contrato El proveedor se obliga por escrito a no entrenar con tus datos
Precio publicado
Con una máquina propia El modelo se queda en tu red y no sale nada
Sin cuota

Las tres son reales. Sólo la del contrato se anuncia.

La del contrato tiene precio de catálogo, y lo pone la misma empresa: los Service Specific Terms de Google Cloud, en su sección 18, obligan a Google a usar los datos del cliente para entrenar o ajustar modelos sólo con su permiso o instrucción previa. Mismo proveedor, dos tratos opuestos. La diferencia no es el modelo: es la cláusula. Lo que compras no es inteligencia, es un contrato.

Y ahí está el error más repetido en una oficina: usar la interfaz de consumo —gemini.google.com o la app— para trabajo de empresa creyendo que se aplican las condiciones de Cloud. No se aplican, ni pagando: el aviso de Gemini cubre a quien tiene «una suscripción de pago a un plan de IA de Google», y la sección 18 sólo rige lo que entra por Vertex AI o la API. (Con cuenta de trabajo o de estudios rigen las de Workspace, que son otras.)

La de la máquina propia casi nadie la anuncia, y no es casualidad: no le interesa a quien vive de alquilar el modelo. Un modelo instalado en tu ordenador no manda nada a ninguna parte: pide una inversión inicial en vez de una cuota cada mes, y suele ir más despacio; en cambio es la única de las tres que te permite usar tus datos reales con la seguridad de que no salen de casa.

Entonces, ¿cuánto vale?

Vale lo que decidas pagar, y la moneda la eliges entre esas tres. La trampa está en que, si no eliges, ya estás pagando con tus datos.

Así que la pregunta útil no es cuánto vale la privacidad de tus datos. Es: lo que estoy a punto de escribir en esta caja, ¿con qué lo estoy pagando?


En Reportman AI apostamos por la máquina propia: el copiloto puede funcionar con un modelo instalado en tu red, a través del Agent, sin cuota —la máquina la pones tú—, y si prefieres el contrato hay planes con modelos ya probados. Lo que se aplica en cada caso está escrito en nuestro aviso de privacidad, que te invito a leer con la misma desconfianza con la que acabas de leer el de Google: «el procesamiento del lenguaje, los esquemas de la base de datos y los datos resultantes nunca abandonan el dispositivo del usuario». Las dos vías se prueban con la misma descarga.

Fuentes

Toni Martir, arquitecto de software · · fuentes comprobadas el